Szilveszter Makó x Clio Peppiatt – Vol III Bridal Campaign

 Hay fotógrafos que hacen campañas bonitas. Y luego están aquellos que consiguen que una imagen parezca suspendida entre moda, pintura y fantasía. Szilveszter Makó pertenece completamente al segundo grupo.

Y sinceramente, cada vez que veo uno de sus trabajos tengo la sensación de estar mirando algo que no termina de existir del todo en la realidad. Como si sus imágenes estuviesen atrapadas entre un sueño extraño, una obra de arte y una película ligeramente incómoda - en el mejor sentido posible.

Esta vez, el fotógrafo y director creativo húngaro vuelve con la nueva campaña bridal de Clio Peppiatt: Vol III Bridal 2026. Y honestamente, es una de esas campañas que no necesitan demasiado ruido porque las imágenes hablan completamente por sí solas.

 

Lo interesante del trabajo de Makó es que nunca parece simplemente fotografiar ropa. Construye mundos. Mundos donde el cuerpo parece casi pintado dentro del escenario y donde las texturas terminan sintiéndose táctiles incluso a través de una pantalla.

Para esta campaña, la intención era justamente esa: crear una especie de universo pictórico traído a la vida. Un mundo delicado, íntimo y ligeramente irreal.

Las referencias artísticas detrás de la campaña son maravillosas. Por un lado, encontramos inspiración directa en Henri Rousseau y especialmente en La Famille, esa sensación naïf, casi teatral, donde las figuras parecen existir dentro de una naturaleza cuidadosamente construida. Y por otro, pequeños gestos cromáticos y emocionales inspirados en Henri Matisse: el color, la intimidad, la suavidad visual.

 

Pero lo más bonito de esta campaña quizá no sea únicamente la referencia artística, sino la referencia emocional.

Porque muchos de los detalles nacen directamente del background familiar de la diseñadora. Makó y Clio Peppiatttrabajaron alrededor de imágenes familiares antiguas, encajes heredados y esa delicadeza extremadamente específica que tienen ciertas fotografías domésticas. Esa sensación de feminidad antigua, suave y ligeramente nostálgica que parece existir únicamente dentro de álbumes familiares.

Y creo que ahí es donde la campaña realmente funciona. Porque no se siente fría. No se siente como una editorial creada únicamente para verse fashion. Hay algo profundamente emocional debajo de toda la construcción visual. Algo casi melancólico.

Y esto es precisamente lo que me gusta de Makó: entiende perfectamente cómo hacer que una imagen sea artística sin perder humanidad.

No es casualidad que cada vez más marcas quieran entrar en su universo visual.

Hace apenas unos meses fue el encargado de fotografiar la campaña del anuncio de la colaboración creativa entre John Galliano y Zara - una campaña que, sinceramente, tenía muchísimo más valor visual que gran parte de las campañas de lujo actuales. Tenéis un artículo sobre esta en mi blog.

No es la primera vez que el artista trabajaba con la grande española, ya en 2025 hizo la campaña de Halloween.

Otros de sus proyectos visualmente fascinantes sería el shooting de Bad Bunny para Vanity Fair USA (retratado en Puerto Rico, su tierra natal), la campaña FW25 de Adidas junto a AVAVAV o uno de mis favoritos personales: Gwendoline Christie para Vogue Czechoslovakia.

 

Y creo que justamente todos estos proyectos tienen algo en común: Makó hace que la moda parezca arte vivo.

No fotografía simplemente una campaña. Construye escenas donde las personas parecen personajes atrapados dentro de una pintura contemporánea.

Y en un momento donde muchísimas imágenes de moda empiezan a sentirse repetitivas, excesivamente limpias o directamente creadas para sobrevivir tres segundos en TikTok, encontrar fotógrafos que todavía entiendan la narrativa visual como algo emocional me parece extremadamente refrescante.

Porque sí, una campaña puede vender ropa. Pero también puede hacerte sentir algo. Y eso, honestamente, es muchísimo más difícil.

Bisous,
Blanca