Dressing should be fun: aquí los tips para empezar a atreverte
Me, myself and I. 10CC, Milano.
Estoy cansada de la frase “tienes que sentirte tú”. Estoy cansada de “pero te sientes cómoda?” Estoy cansada - y aún más cansada - de “esto es tan tú”. Como si hubiera una única versión válida de ti misma, como si tu identidad fuera algo fijo, algo que no se puede estirar, romper, reconstruir. Señoras y señores, dressing should be fun. No estamos aquí para encajar, estamos aquí para jugar. Para experimentar. Para probar cosas nuevas. Para deslizarnos un poco, equivocarnos, exagerar, incluso rozar lo ridículo. Porque sí, a veces vamos a pecar por innovar - y qué maravilla que así sea.
Estoy harta de entrar en una tienda y escuchar esa pregunta repetida como un mantra vacío: “¿te sientes tú?”. O ver estilistas que te dicen “tengo una pieza que es tan tú” como si te estuvieran encasillando en una caja invisible. Al igual que en la oficina nos empujamos a pensar out of the box, al igual que entrenando rompemos nuestro supuesto límite, al igual que en un restaurante pedimos algo que nunca hemos probado… ¿por qué en la moda seguimos aferrándonos a la comodidad? ¿Por qué nos quedamos en esa comfort zone tan predecible, tan aburrida, tan segura que casi da sueño?
Y sí, creo que esta mentalidad se ha reforzado - y mucho y muy a mi pesar - con esta estética que se instaló hace unos años: el old money, el quiet luxury, lo ultra pulido, lo minimal, lo correcto. Y no, no estoy hablando de mostrar o no mostrar. Puedes experimentar con cinco euros o con dos millones. Pero esa estética soft, contenida, casi silenciosa ha hecho que muchas olviden que la moda también puede ser ruido, exceso, contradicción, emoción. Curiosamente se reforzó con Sofia Richie cuya hermana Nicole - mi Diosa y musa del universo - nos dejó y sigue dejándonos looks memorables. Esta queen, antes de todo esto, ya entendía algo clave: divertirse vistiendo es una actitud, no un presupuesto.
No hay una fórmula mágica, porque todo depende de ti. Pero si tengo que darte un punto de partida - uno real, uno que funciona - es este: vete a una multibrand store o a una tienda vintage. Necesitas variedad, necesitas estímulo, necesitas caos visual. Piensa en cuando jugábamos de pequeñas a la Barbie. A quien miento, no toqué una Barbie en mi vida: en mi caso solo existían las Bratz - flashy, exageradas, un poco horteras, increíblemente cool. Pues ahora la muñeca eres tú. Literalmente. Juega. Juega sin reglas. Juega como jugábamos antes: a disfrazarnos, a inventarnos personajes, a ser alguien completamente distinto durante un rato.
Vas rack by rack. Y aquí está la clave: no busques prendas que llevarías en tu día a día. No. Busca esas que te hacen pensar “mamma mia però sei folle?”. Esas son las buenas. Siempre digo que, si puedes, cojas a alguien de tienda para estar carca pero nunca contigo - no para opinar, no para validar - sino para ejecutar. Tú sacas la prenda, esa persona la coge y la deja en el camerino. Así una por una. Sin preguntas, sin miradas, sin comentarios. Casi como un asistente silencioso de tu locura creativa o de tu “no se ni que estoy haciendo”.
Una a una: descuelgas y al camerino. Descuelgas y al camerino. Sin pensar, sin editarte, sin juzgarte. Cuando sientas que ya has perdido un poco el control - perfecto, ese es el punto - añades dos básicos: unos jeans y una camiseta blanca o negra. Tu pequeño ancla. Tu falsa sensación de seguridad. ¡He dicho dos! Como vea uno solo más os prometo que la tenemos.
Os digo una cosa que la gente no se cree: no hay nada que odie más en el mundo que ir de compras. Nada. I strongly stand by it. Pero no hay nada que ame más que ir sola a convertirme en un personaje. Y son dos experiencias completamente distintas. Una es consumo. La otra es creación.
Entramos en el camerino. Quiero mínimo siete prendas. Y cada una distinta: volumen, color, corte, tejido, estampado, glitter. O todo lo contrario: siete locuras del mismo tipo pero completamente fuera de “tu universo” - decirlo así me entra terror. Eso también vale. Los jeans y la camiseta no cuentan.
Y antes de empezar: ponte guapa. Debería haber empezado por este tip seguramente ya que es muy importante. Siempre. Para jugar, una va guapa. Un poco de colorete, un labio rojo porque sí, porque te da poder. Si te sientes azul, sombra azul, muy 90s, muy why not. Esto no es superficial, esto es entrar en el mood.
Empieza: base + locura. Luego quita la base. No la quiero ver. Segundo look: combina loco con más loco. Venga. Hazlo. Sin miedo. Sin lógica. Sin narrativa. Solo instinto. Y por favor, esto estoy hasta para arrodillarme al decirlo, estos estigmas de “rosa y rojo patada en el ojo” no quiero ni que los tengas en mente en este momento. Nunca. Mira Dries Van Noten. Si la vida se rolara por estas asquerosas assumptions estos genios no harían la magian que nos muestran día a día.
Y entonces juega. Juega, juega, juega. Muévete. No te quedes rígida frente al espejo como si estuvieras esperando aprobación. Baila, posa, grábate, tómate fotos. Convierte ese probador en tu playground. Porque lo es. Porque nadie te está mirando de verdad. Y si lo están qué más da.
A mí me han esperado dependientas una hora fuera del camerino. Me da igual. A veces les digo: “si necesito algo te llamo, esto va para rato”. Y si se quedan ahí, perfecto. Esto no va de ellas. Va de ti.
Te tengo que decir una cosa: estas personas van por % de ventas. Cuando ya les haces ver que you are not getting any comisión from me today, se apartaran rápido de tu nuevo Ring. En mi caso, de vez en cuando me gusta incluirlas en el Runway Show. Me lo paso bien y ellas se lo pasan aun mejor.
Pásatelo bien. De verdad.
Poco a poco, lo que hoy te parece exagerado, mañana ya no lo será tanto. Y ahí empieza lo interesante: empiezas a integrar. A expandirte. A ser más versiones de ti misma.
No te voy a decir que siempre tengas que comprar algo - cada una tiene sus circunstancias - pero también te digo una cosa: si siempre sales con las manos vacías, algo estás haciendo mal. No estás jugando de verdad.
Así que basta del “¿te sientes tú?”.
Empieza a preguntarte algo mejor:
¿me estoy divirtiendo?
Bisous,
Blanca