Exes should be fun

Image Ref: Pinterest @nanaccarrillo

Ya hemos hablado alguna que otra vez sobre los exes, pero como persona absolutamente sabia, ligeramente intensa y bastante experimentada - everything at once, thank you very much - siento que tengo otro punto que compartir.

Mi vida amorosa ha sido… interesante. No la llamaría caótica - aunque podría -, porque ha tenido momentos muy buenos, momentos muy malos y largos periodos en los que literalmente no miraba a ningún hombre. Y no, no es una exageración dramática, es un fact.

Recapitulemos. Sabéis qué tipo de exes he tenido. Algunos más dramáticos que otros - obviamente. Y ahora mismo estoy en esa fase en la que ningún hombre me parece suficientemente interesante, cool o wow como para alterarme lo más mínimo. También sabéis - y si no, update rápido - que hasta hace cuatro meses estaba “felizmente” en una relación que iba camino a boda. Plot twist: giró. Como casi todo en mi vida. Y decidí apostar, una vez más, por algo que me generase más pasión que estabilidad.

Priorities.

El otro día, hablando con una amiga después de comer, me soltó la pregunta de manual: “¿sabes algo de él?”. No voy a compartir mi respuesta aquí - I do have some limits -, pero de esa conversación nace esta conclusión, que sostengo con bastante seguridad:

exes should be fun.

Y lo digo completamente en serio.

Creo que como ex he hecho un trabajo impecable. He sido la ex interesante, la ex de “oh god she’s cool”, la ex que genera preguntas incómodas tipo “¿qué quieres decir que sois amigos?”, la ex que ha recaído (más veces de las que debería admitir públicamente) y la ex que, de una forma u otra, siempre tiene un lugar en la mente del otro.

Un full range experience.

Pero hay algo que nunca he sido - ni seré -: la ex que pasa desapercibida. Eso, chérie, no entra en mi narrativa.

Porque tu perfil como ex se define en el momento en que la relación termina. No cuando estás dentro, sino cuando sales. Y en mi caso - y esto lo pueden confirmar varias personas cercanas - siempre dejo huella. No sé exactamente por qué. Hay algo en mi energía que es un poco libre, un poco loco, un poco what just happened. Y eso, inevitablemente, deja conversación.

Ahora bien, también ha habido excepciones. Hubo uno - on and off, luego serio, luego drama porque se mudó de ciudad (sí, ciudad, not even country, which… ok) - con el que no desarrollé bien mi papel de ex. Y lo admito. No estuve a la altura de mi propio estándar. Aunque, to be fair, his mind was slightly… questionable. Él, no yo. Sorprendente, lo sé.

El punto es el siguiente.

Igual que yo me visto para salir de casa y pasar por delante de un grupo de niñas de 10 años que piensan “wow, she’s such a popstar”, yo entro en una relación sabiendo que, si termina, voy a dejar una marca.

No necesariamente dramática. No necesariamente tóxica. Pero sí memorable.

Porque - y aquí viene mi parte favorita -: mándame un mensaje.

No te estoy pidiendo una declaración de amor. Relájate. A veces si que la pido, no vamos a mentir.

Pero mándame ese “what are you up to?” un mes después. Mándame el “qué haces esta noche?” cuando lleves tres copas de más. O ese clásico “dónde estás” a las cinco de la mañana que todos sabemos perfectamente qué significa.

Algo.

Dame contenido.

Dame ese mensaje que yo pueda screenshotear y mandar al grupo. Uno por uno. Ellas diciendo “such a loser” mientras yo, internamente, estoy con el ego absolutamente en el cielo.

Porque seamos honestas: esos mensajes no se analizan, se celebran.

Y cuando yo he mandado alguno - porque sí, también lo he hecho -, es como si automáticamente estuviera saludando a todo su grupo de amigos. Porque sé perfectamente que ese mensaje va a circular. And honestly? As it should.

Luego ya, what you do with that… it’s on you.

¿Respondes? ¿No respondes? ¿Juegas un poco? ¿Recaes? ¿Te haces la interesante durante tres meses y luego apareces? ¿Le cuentas a tus amigas que no te importa mientras estás literalmente viviendo una segunda relación en silencio?

¿Mentimos al psicólogo? La respuesta es sí.

Pero al menos, haz que durante cinco segundos me plantee cosas.

Cinco segundos. No pido más.

Porque no quieres ser la ex que nadie recuerda. Ni quieres ser el ex que en mi grupo de amigas ocupa dos líneas de conversación y ya.

You want presence. You want impact. You want narrative.

Y eso, lo siento, también se construye después de la relación.

Así que sí.

Exes should be fun.

Ahora decidme vosotros: ¿esto es comportamiento tóxico o simplemente buen character development?

Bisous,
Blanca