Más grande que Roma

Image Ref: Pinterest Illustration by @AGENCIASOE & bisousblanca.com design and graphics

Vivo en Milano desde hace casi dos años. Mi primera vez fuera de casa, en un país que, aparentemente, debería sentirse familiar: la bella y única Barcelona frente a la elegante y estructurada Milano. Culturas parecidas, personalidades similares y ese parentesco que muchos definen como “primos”. Pero cualquiera que haya cambiado de ciudad sabe que parecerse no significa sentirse igual.

Llegué con un sueño muy claro y una maleta llena de intuición. Con trabajo, obsesión y una dosis considerable de surrealismo - porque la vida creativa es, por definición, un poco absurda - he vivido experiencias que hace unos años me habrían parecido ficción.

Me dedico al mundo de la moda y siempre soñé con escribir en Vogue. Soñé también con trabajar en Bottega, Prada, Miu Miu, Versace. Donde fuera, pero en las grandes, en aquellas cuyo nombre resuena globalmente y provoca ese silencio respetuoso en una conversación. Nunca he dado nada por garantizado: ni una educación, ni una oportunidad, ni una experiencia, ni siquiera una película mental. Lo único que tengo claro es que amo lo que hago, que todo lo que toque lo haré con el corazón y que siempre querré más.

El otro día publiqué un vídeo en mi TikTok (@blancamaruny) hablando sobre la industria de la moda en Milano, una de las capitales indiscutibles de este universo. El boom de preguntas y dudas que surgieron me llevó a escribir esto: no solo sobre la industria, sino sobre lo que yo he experimentado desde que decidí volcarme profesionalmente en mi pasión.

Para que tengáis contexto: hola, soy Blanca y profesionalmente soy muchas cosas. Creadora de contenido, business manager & diseñadora de moda en formación, estilista y directora creativa freelance. Y como los límites me aburren profundamente, soy también la fundadora y redactora de este blog donde mezclo moda, beauty e historias que merecen ser contadas. Además, estoy trabajando en una pequeña cápsula que pronto verá la luz y que, os prometo, lleva mi ADN entero dentro.

Me gradué en ESADE en Business Management en 2021 y decidí abandonar finance porque, for God’s sake, entendí que había entrado ahí más por expectativa que por vocación. Conseguí entrar en moda en un Atelier de Alta Costura muy reconocido en España y very hot & trending topping desde unos años antes de entrar en este - no lo nombro por privacidad, aunque algún día me encantaría escribir un artículo junto a su fundadora, a quien admiro profundamente y mi cariño hacia ella es innombrable. Entré con la misión de demostrar que creatividad y estrategia no son mundos separados. Lo hice devorando cada oportunidad y ganándome la confianza creativa del equipo. Y se lo agradezco enormemente a todos ellos, porque fueron los primeros en darme el voto de confianza viendo lo especial que llevo dentro.

Luego vino Milano y el máster en Marangoni. Vino la ambición multiplicada por diez y la mentalidad de “si Bottega no me quiere es que la sangre no les fluye y el oxígeno no les llega”. El no llegó. Y no solo uno: llegaron 1178 rechazos en LinkedIn - tengo screenshot de esto - y cientos de cold emails a personas que admiro profundamente. No fue romántico, fue insistente. Fue obsesivo. Fue mío.

Con una familia que me apoya pero pertenece a otra generación - y por tanto otra narrativa - decidí llegar yo misma a donde quiero estar. Mi padre siempre me dice - tal y como se dice en Cataluña - que “fas volar coloms”. Es decir, soy más delusional que nadie. Y sí, probablemente lo soy. Pero debajo de esa mentalidad casi cinematográfica hay algo muy poco glamuroso para algunos pero muy importante para mi: soy una currante obsesiva y jamás he tomado un no como punto final.

Todos los caminos llevan a Roma, dicen. Pero ¿por qué creemos que solo una oficina convencional en una gran maison es donde debemos depositar e invertir nuestro talento? ¿Quién decidió que ese es el único altar válido? ¿Y si mi sueño es más grande que Roma?

Soñé con Vogue. Vogue me dijo que no y me monté mi propia plataforma. Soñé con Bottega. Bottega me dijo que no y ahora estoy invitada a la Fashion Week de Milano. No quiero que un no decida el tamaño de mi ambición. Renuncio a renunciar.

Hay quienes comentan en mis vídeos y fotos: “quizá no eres tan buena como te crees”. Y la verdad es que nunca he permitido que esa frase anide en mi cabeza. No por arrogancia, sino por convicción. No soy débil. No abandono mis capacidades. Sé que tengo talento y sé que, si no lo explotara, sería traición hacia mí misma.

Mucha gente me pregunta cómo me atrevo a escribir así, a mostrarme tan desnuda, a grabar vídeos en un camerino, a ser directa. Nací para esto. Siempre he sido así. Siempre he sido una diva en mi propio universo; de pequeña pensaba que por la noche me convertía en Paulina Rubio. La fantasía siempre ha sido parte de mi identidad.

Si tienes un sueño, go for it. Go. For. It. No permitas que lo convencional te encierre. Puede que tardes más. Puede que tomes el camino difícil. Puede que tengas que construir el mapa desde cero. Pero lo convencional es solo eso: convencional. Tu camino lo diseñas tú si tienes claro lo que quieres y aceptas que nada llega masticado. Y a veces, por muy claro que lo tengas, el camino te pone obstáculo y otras oportunidades que ni siquiera visualizabas. 

He llorado durante meses. He perdido y ganado peso en etapas de ansiedad. He dormido poco. Mi mente no descansa. Thank God a mi inversion en cuidado de la piel y los tres litros de agua adiaros que trago. Pero no es sufrimiento vacío: es propósito. Soy delusional, sí, pero lo soy por algo que amo profundamente y que, sin falsa modestia, se me da extraordinariamente bien.

Desde que abrí este blog he recibido todo tipo de POVs y “consejitos”. Algunos han sido auténticos lifesavers. Otros irrelevantes. Luego están los inexistentes - y sí, I’m calling out personas muy cercanas cuyo apoyo nunca llegó por “vergüenza” de lo que pueda causarles mi exposición. Pero no sabéis lo que se siente cuando recibes un email de una casa importante diciéndote que tu manera de comunicar es única y que quieren colaborar contigo. No sabéis lo que se siente cuando alguien que no conoces te escribe para decirte que tu contenido le inspira. He llorado de emoción más veces de las que admitiría en voz alta desde el día en que le dije a la vida: fuck you, me lo monto yo sola.

Mi madre es ahora mi mayor fan. Nunca me he sentido tan conectada a ella como en este momento. Escribo esto entre lágrimas - reales - porque me siento profundamente agradecida. Lloré a la vuelta de París cuando me acompañó por trabajo de mi blog. Seguramente siga pensando que no entiende muy bien lo que hago, pero su emoción por todo lo que escribo, publico, trabajo, comunico y curioseo obsesivamente es incondicional y fuera de este universo. Lloré por ella, por mis dos íntimas amigas de Barcelona (C&M), por las nuevas amistades y conexiones que han nacido de este mundo y por la gente que ni siquiera conozco en persona pero que me envía amor, apoyo y mensajes sobre “lo lejos que voy a llegar” o “lo inspirados que se sienten por lo que hago”.

Camino fuera de lo convencional. Y ese camino despierta mentes, incluida la mía.

Quiero llegar a la gente. Quiero demostrar que con esfuerzo real se llega a cosas mágicas. El ridículo no existe si eres feliz. Who the hell cares si lo que haces lo haces por ti y te llena.

No hay fórmula secreta. Solo curiosidad, constancia y una negativa absoluta a quedarte sentada esperando. No importan tanto las escuelas, las matrículas ni los títulos como lo que llevas dentro. Tu energía, tu trabajo y sí, tu locura.

Estoy deseando que veáis lo que viene. Más moda, más historia, más icons, más relatos que merecen ser contados. Al igual que estoy deseando que lleguen miles de más “no” para impulsar mis ganas de devorar aún más. Bofetada tras bofetada, combustible tanto como el apoyo de muchos otros.

Seguiré “fer volar coloms”.

Stay tuned.

Bisous,
Blanca