Hombres y Boulangerie. Las deliciosas etapas de la vida amorosa.

Image Ref : Instagram - @cedricgroletsingapore

It’s 2026 and we start strong. Really strong. 

Señoras y señores, empezamos el año single.
No sabemos todavía si ready to mingle, pero tampoco importa demasiado. Lo importante es el titular: estamos solteras. Y, por ahora, vamos a sostenerlo con convicción.

No hay novedades revolucionarias: no soy experta en amor. De hecho, cada vez que creo que I got my shit together, aparece un desfile de red flags tan bien coreografiado que o bien salgo corriendo, o bien me quedo quieta dejando que me rompan el corazón. Depende del nivel de aburrimiento, del caos emocional del momento y - por qué no decirlo - de lo estúpida que me sienta ese día.

He pasado por todo. Literalmente. Si le preguntas a cualquier amiga cercana, probablemente te diga que soy una especie de enciclopedia viviente de hombres. No, no les he dado mi flor a todos - tranquila, ninguno lo merecía -, pero sí he jugado, probado y, sobre todo, me lo he pasado bien. A veces una cita inocente se va de las manos y, sin saber cómo, ese chico está cenando con tus padres mientras tú te preguntas en qué momento pensaste que era buena idea traer a ese imbécil a casa. Pero esa es otra historia.

Hoy, para entender lo que sentimos de verdad, vamos a hablar de algo que sí dominamos: la boulangerie.

Mientras decido si los próximos meses quiero salir con varias madeleines al azar o si estoy preparada para encontrar mi award-winning croissant, voy a intentar explicarte - de la forma más simple posible - qué tipo de hombres hay ahí fuera. Y no, no es porque esté deseando algo dulce después de doom scrolling en TikTok durante hora y media. Para nada.

Vamos por partes.

Part 1: Pain au chocolat

Chicas, todas hemos estado ahí.
Este fue mi primer novio. Tenía dieciocho o diecinueve años y solo quería estar en una relación porque sonaba bien, porque era lo que tocaba, porque parecía una opción dulce, básica y relativamente segura.

El típico chico que tiene un perro salchicha, lleva Barbour y conoce a tu familia por amigos en común o porque fue al mismo colegio que tú. Ya sabes de cuál hablo.

¿Aporta algo interesante? Durante unos meses, sí. Literalmente lo hace. Pero el momento más emocionante de toda la relación es la ruptura. Porque, seamos sinceras: lo más interesante de él eres tú. Tú eres el valor añadido.

No te gusta él; te gusta la idea. Te gusta tener un poco de chocolate de vez en cuando, algo familiar, algo cómodo. Algo que te conforte pero que no sea una bomba de relojería. Y cuando eso se acaba… quieres drama.

El mío duró aproximadamente un año on and off. La relación no. Me refiero a la ruptura. Exhausting, lo se. Pero era joven, primeriza, con ganas de juerga y de aportar esta nueva sensación de adrenalina a mi vida. Enamorarme en dos días y que dure cuatro meses, un signature move en esta etapa. 

Por cierto, si vamos a ser transparentes debería añadir que él pasó de pain au chocolat a half pain au chocolat cuando se acostó con mi mejor amiga durante uno de esos “descansos”. Pero oye, drama. Y a los dieciocho, el drama es entretenimiento.

Part 2: Madeleine

Una vez soltera, y superada la fase de luto - esa en la que ningún hombre te atrae y te preguntas si acabarás sola ya que nadie te querrá jamás -, llega el momento de hacer un poco el tonto.

Estás en tus lasts teens, eres guapa y estás en tu prime. Quieres pasártelo bien. Y sin darte cuenta, empiezas a coleccionar madeleines.

Un par de citas por aquí.
Un par de mensajes por allá.
Muchas conversaciones que no llevan a nada.

Las madeleines no ocupan espacio mental. Son distracción pura. Normalmente son chicos base, intercambiables, sin impacto real. Alguno te sorprende un poco más que otro. Otros… bueno, digamos que Dios se olvidó de repartir atributos ese día.

Te sacan a pasear, te invitan a cenar, te entretienen cinco minutos. Pero todas sabemos que llegas a casa y respondes el DM de otro. Asimismo, y escuchad bien todos, muchos de ellos dirán auténticas estupideces: me gustas, pero tu tono es demasiado pijo; no me gusta estar con una chica inteligente; ¿qué llevas puesto?; me gustan las chicas un poco más naturales… Amigas, a palabras necias oídos sordos. De hecho, siendo una madeleine poco importa. Me ha pasado muchas veces llegar de una cita y no saber ni de lo qué hemos hablado. Entra por un oído, sale por el otro. 

Son tan insignificantes que casi no merece la pena hablar más de ellos.

Part 3: Pain suisse

Aquí empieza lo serio.
Aquí piensas que has encontrado a tu one and only. Tu media naranja. La mermelada de tu peanut butter. El Colacao de tu leche. Tu todo.

Es ese chico al que te imaginas levantándose el día de tu boda cuando preguntan si alguien se opone. No pasará, pero todas tenemos uno en la cabeza. Muy Grey’s Anatomy.

Te enamoras. Idealizas. Tu mundo gira alrededor de él. Tu corazón va a mil revoluciones y tu cabeza está hueca. Eso es una bomba. Una guerra.
Lo que parecía una opción segura se convierte en el mayor caos emocional de tu vida.

Tu corazón se rompe. Tu vida se desordena. Y aun así, quieres estar con él a cualquier precio. Sweet. Sexy. Dangerous. Sabes que te puede matar, pero no puedes dejar de probarlo.

Chocolate, crema, crujiente. Reitero, una auténtica bomba.

La toxicidad dura demasiado porque la pasión lo sostiene todo. Te conviertes tú también en un pain suisse. Y cuando uno más uno no suma, destruye. Destruye amorosa, psicológica, física y económicamente. Sí, no sienta bien en la cuenta ya que el trauma te llevará a una vida de exhaustivas sesiones de terapia. 

Han pasado cinco o seis años desde el mío, y todavía se me cae el estómago cuando alguien lo menciona o cuando me lo cruzo al volver a Barcelona. Ya no nos saludamos. Él sanó. Yo también. Por eso fingimos que ya no es tan tentador.

Part 4: Croissant

¿Quién soy yo para escribir sobre el croissant cuando, después de pensar que había encontrado mi precioso Cédric Grolet - crujiente, estable, buttery -, cancelé nuestro viaje de NYE y lo dejé por teléfono?

No juzgues. Hay historia. Pero ese tea lo guardamos para otro día.

Lo que sí sé es que, probablemente, tenga que volver a pasar por alguna madeleine aventurera antes de llegar ahí. O quizá no. No tengo ni la menor idea.

¿Estoy preparada para un croissant? ¿O quiero simplemente arreglar mis cosas sola y divertirme mientras tanto?

Y, siendo honesta: ¿quiero realmente un croissant?

No caigo fácilmente en lo básico. Soy complicada. Pulsional. Me gustan las emociones, los sabores intensos. Tal vez quiero un croissant… pero con un poco de mermelada de vez en cuando. Para que no sea aburrido. Para que siga siendo interesante. Aunque la estructura esté ahí.

No lo sé. Demasiados maybes.

Chicas, si sentís que a lo largo de la vida tenemos que probar otras pastries, escribidme. Estoy abierta a todo. Al final, ¿a quién no le gusta descubrir algo nuevo en la boulangerie?

With love and confusion,
Bisous, Blanca