El auge del vintage; y el sutil abandono del presente
Image Ref: NY Times. Olivia Rodrigo llevando un traje de Chanel Spring/Summer 1995 durante su visita a La Casa Blanca
Let’s talk vintage. Pero, sobre todo, let’s talk about algo que me lleva rondando la cabeza desde hace tiempo y que, cuanto más lo observo, más sentido - y más contradicción - encuentro: la creciente obsesión por el pasado y la sutil, pero evidente, falta de atención hacia los creativos del presente.
Porque sí, las modas cambian. Always have, always will. Pero no cambian en el vacío. Cambian porque la economía se transforma, porque el contexto socio-político se reconfigura, porque el consumo evoluciona. Y la moda, como sistema cultural altamente reactivo, no hace otra cosa que absorber, reinterpretar y devolver todo eso en forma de producto, de imagen, de deseo.
Si con 14 años hubiese aparecido en clase con una pieza vintage, probablemente se habrían reído de mí. Y no en plan anecdótico, en plan real. Porque durante años el discurso fue claro: so last season. Y oye, lo entiendo. I really do. Yo misma lo pensaba. Comprar segunda mano no solo no me interesaba, directamente no existía en mi imaginario.
Fast forward a hoy, y aquí estamos.
Entre recesiones, inflación y subidas de precio que rozan lo performativo —porque seamos honestos, lo de Miu Miu ya merece un capítulo aparte -, el sistema ha mutado. Y con él, nuestras prioridades como consumidores. Lo que antes era rechazo, hoy es deseo. Lo que antes era viejo, hoy es rare. Lo que antes era pasado, hoy es posicionamiento.
Y entonces llega el gran protagonista: vintage.
El boom del reusar, del buscar archivo, del encontrar “esa pieza única” que nadie más tiene. Y aquí voy a ser completamente honesta - porque si no, no sería yo -: a mí todavía me genera cierto conflicto físico. Hay algo en el second hand que, sin saber muy bien por qué, me provoca un pequeño ick. Pero lo hago. Not gonna lie. Eso sí: tras un ritual intensivo de tintorería, entro en modo this is chic.
Ahora bien, vamos a lo verdaderamente interesante. ¿Estamos comprando vintage por sostenibilidad?
Let’s not kid ourselves.
¿Sabes cuántos litros de agua se ahorran comprando second hand? ¿Cuál es el impacto real en emisiones? Exacto. No lo
sabemos. Porque, en el fondo, no es eso lo que nos mueve. No entramos en Vinted o Vestiaire Collective con una misión ecológica casi espiritual. Entramos con otra narrativa: let’s see what I can find today. Algo único. Algo especial. Algo que eleve nuestro armario y, seamos honestos, también nuestro ego.
Y oye, fair enough.
Pero no confundamos el discurso con la motivación real.
El otro día, precisamente reflexionando sobre esto, asistí a un talk en WOK Store: “Built on Heritage, Worn for Today”, en colaboración con Dr. Martens. Conversaban Ellis Walsh, Giulio Marchioni y Gloria Bertuzzi, moderados por Matteo Zampollo. Y hubo varias ideas que, sinceramente, deberían formar parte de cualquier conversación seria sobre consumo:
Y aquí es donde todo empieza a encajar.
Porque el mayor gesto “sostenible” no es necesariamente comprar vintage. Es comprar con intención. Comprar entendiendo. Comprar para usar.
No para acumular. No para archivar en tu propio armario como si fueras el MET (aunque, trust me, I’ve been there).
Compra. Sin culpa. Pero con criterio.
Vete a Miu Miu y cómprate esos zapatos si te obsesionan. Pero entiende qué estás comprando. Entiende la colección, el lenguaje, la construcción detrás de esa pieza. No seas esa persona que entra en Hermès a por una Birkin porque cree que eso automáticamente le otorga una narrativa.
Spoiler: la narrativa no se compra. Se construye.
Y aquí es donde entra, para mí, el verdadero problema.
Tengo la sensación - y no es especialmente agradable - de que estamos viviendo un momento en el que el presente no se está valorando como debería. Donde el archivo se ha convertido en sinónimo de legitimidad. Donde lo pasado pesa más que lo que está ocurriendo ahora mismo.
Pic Ref: Vogue. MR llevando un diseño del 92 de John Galliano
El ejemplo perfecto: el press tour de Wuthering Heights.
Margot Robbie está impecable. Look tras look. Precisa. Controlada. Impecable en ejecución. Pero, en su mayoría, vestida con piezas de archivo. Y aquí mi pequeña - o no tan pequeña - crisis editorial.
Venimos de una Milan Fashion Week sólida, una París excepcional, una Londres que, como siempre, aporta frescura y riesgo. Hemos visto colecciones actuales, relevantes, conceptualmente ricas. Y, aun así, seguimos recurriendo al pasado para vestir el presente. Which, again, I love. Pero también me cuestiono: ¿por qué no estamos dando ese mismo espacio a los diseñadores que están creando ahora mismo?
¿De verdad necesitamos veinte años de distancia para validar una colección?
Porque, si es así, tenemos un problema.
Hablando de esto - porque evidentemente esto lo debato en mi día a día - llegué a una conclusión bastante clara: lo verdaderamente exclusivo hoy ya no es el lujo en sí. Es la unicidad. Y el archivo ofrece eso.
Porque sí, hoy en día cualquiera puede entrar en Hermès y comprarse una Birkin (otra conversación sería cómo, pero ese es otro artículo). Pero no cualquiera puede acceder a una pieza archivo específica, con historia, con contexto, con narrativa previa.
Ese es el nuevo lujo.
Y lo interesante es que esta misma lógica ya está siendo reinterpretada desde el presente. Lo vimos en el último couture de Valentino bajo Alessandro Michele. Una lectura del pasado, sí, pero activada desde el ahora. No como nostalgia, sino como herramienta creativa. Y eso - importantísimo - lo está haciendo un creativo contemporáneo.
Así que quizás la conversación no va de elegir entre pasado y presente. Va de equilibrarlos.
Consumir vintage, sí. Consumir archivo, también. Pero consumir presente con la misma intensidad, con el mismo respeto, con la misma curiosidad intelectual.
Porque hay talento extraordinario ocurriendo ahora mismo. Y no deberíamos necesitar el filtro del tiempo para legitimarlo.
Consumamos. Pero consumamos con criterio. Con contexto. Con intención.
Y, por favor, tengamos algo claro - porque esto sí es importante y no negociable -: second hand, vintage y archivo no son lo mismo. Y no, no es solo semántica.
Bisous,
Blanca