Mi OCD y el cuidado del cabello – EOLUX

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If you know me, you know I’m obsesiva del cuidado. Tengo mis manías - algunas elegantes, otras ligeramente patológicas - pero cuando algo entra en mi rutina, entra de verdad. Y el cuidado del cuerpo, la piel y el pelo no son la excepción.

He dejado el café por la mañana (solo después de comer, gracias). Evito el alcohol casi siempre porque dormir bien me parece más sexy que una copa mal tomada. Fumo poco - sí, debería cero, pero a diva is never perfect. Ayuno, nutrientes buenos, caprichos puntuales (mentira). It’s all about balance. Aunque sinceramente, el balance y yo tenemos una relación complicada.

Mi historia con el pelo ha sido larga. Muy larga.

Pasé de años planchándomelo a 200 grados todos los días sin protector, sin tratamiento y sin respeto alguno por su existencia; a convertirme en esa persona que mira la composición del champú como si fuese un contrato legal. Cuero cabelludo, puntas, brillo, densidad - lo controlo todo.

Porque sí: me gusta verme cuidada.

Spiritual bitch, expensive taste. Me gusta una imagen pulida y adoro cuando el pelo está brillante, limpio y con forma. No perfecto, vivo, pero bonito.

Hace un año encontré en Milano a mi salvador capilar: Mirko. Desde entonces nadie toca mi melena. Ni spuntatina improvisada, ni chop chop sospechoso. Incluso mi madre, que no regala halagos estéticos, aprobó el resultado. Eso ya era un milagro.

Y entonces llegó octubre.

Y el pelo empezó a caerse como nunca en mi vida.

Cada mañana bolas enteras en la mano. Sin sentido. Sin aviso. Sin explicación clara. Probé absolutamente todo: dermatólogos, infiltraciones, champús anticaída, lociones, suplementos, más suplementos. Al final, con ayuda de un profesional único y exquisito, conseguimos frenarlo. Hoy está solucionado, pero mi densidad es literalmente la mitad.

No hay nada que me disguste más que una chica con cuatro-pelos mal contados y puntas irregulares. Real. Grita: cheap.

Así que ahora mi prioridad es clara: cuidarlo mientras vuelve. Y eso implica herramientas que no lo agredan. Que funcionen, pero con respeto. Ahí entra EOLUX.

Me enviaron el secador y lo primero que pensé fue: wow. Proyecto pequeño y muy bien pensado. Packaging cuidado, con lo necesario - boquillas, filtro, limpieza - todo bien curado y con una atención al detalle exquisita.

Pero lo importante no es la caja, es lo que pasa cuando lo enchufas.

Lo que noté desde el primer uso fue la sensación de aire. No quema. No castiga. Seca rápido pero sin ese calor violento que te deja el pelo inflado y áspero. Y ahí entendí el porqué: trabaja con flujo de aire potente y constante, controlando temperatura constantemente y liberando iones para evitar el frizz. Traducido: el pelo queda suave, brillante y no electrizado.

Además pesa poco, no hace ruido agresivo y no te obliga a mover la cabeza como si estuvieras en un huracán doméstico. Y para alguien que ahora mismo está protegiendo cada hebra como si fuese patrimonio cultural, eso importa.

No os recomiendo algo por rellenar contenido - el pelo es literalmente el tema donde menos negocio hago y más exigente soy. Pero me lo estoy estilizando bonito, brillante y limpio sin sentir que lo estoy dañando.

Y sobre todo: confianza. Cuando usas una herramienta sabes si te está respetando o no. Este lo hace.

También me gusta apoyar proyectos pequeños cuando realmente funcionan. No por romanticismo, por criterio. Si algo va conmigo, lo digo.

Lo he usado ya para eventos (sí, Olimpiadas included) y sé perfectamente que durante fashion week va a vivir en mi backstage bag. Porque sí, queridos, vuestra redactora de confianza ya tiene su sitio en la Milano Fashion Week. ¿Surprised? No se qué os extraña. 

Os dejo el vídeo que subí a TikTok y su IG para que lo veáis en acción.

Take care, literalmente.

Bisous,

Blanca

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