What No Longer Matches, Leaves
Image Ref: bisousblanca.com
Este texto nace de una conversación con Roy - el chico maravilloso que nos ayuda en casa en Milano -, pero en realidad no trata de Roy. Trata de una sensación que llevo tiempo teniendo: la de estar haciendo limpieza emocional sin proponérmelo. Personas, ambientes, dinámicas… todo aquello que ya no encaja conmigo se va cayendo solo. Algunos lo llaman carácter, otros aires, otros frialdad. Yo lo llamo aprender a escucharme.
Muchos pensaréis que voy de I’m too cool, pero sinceramente, lo soy. Lo soy porque I’m too cool como para que me importe algo que ni siquiera puedo controlar - o peor - algo que ni siquiera quiero controlar. Y sí, guys, I’m feeling myself and I’m all here for it. No desde la soberbia vacía, sino desde la calma de haber dejado de justificar cada paso que doy.
Mi vida no es perfecta, tengo que deal with my shit día tras día, pero lo hago, me callo y sigo adelante. Sin drama público, sin victimismo constante, sin quedarme atrapada en el qué pensarán de lo que digo, escribo o dejo de escribir.
Fría pero real. I just couldn’t care less. Si me transmites, conectamos; si no, probablemente no deba entenderte. Antes insistía por educación, ahora respeto la intuición. Hay personas que sorprenden y otras que simplemente no son para ti. Y no pasa nada por admitirlo.
Creo profundamente en las energías. En eso de what goes around comes around. En lo que alguien trae a un lugar cuando entra. No es lo mismo levantarte con ganas de vivir el día que levantarte enfadado con el mundo y salir de casa a la defensiva. Esa actitud vuelve. Siempre vuelve. Y lo mismo ocurre con la gente que te rodea: hay voces que te construyen y voces que te apagan lentamente sin que te des cuenta.
Durante mucho tiempo di más de lo que recibía porque creía que eso era querer bien. Estar, escuchar, adaptarme. Pero dar sin reciprocidad no es generosidad, es desgaste. Las relaciones no se sostienen por historia compartida ni por obligación emocional; se sostienen por presencia real. Si alguien no está, no está. No necesito explicaciones infinitas ni promesas futuras.
Dar. Dar. Dar. Y no recibir. Y no hablo de que me invites a cenar - eso me lo subvenciono yo -hablo de atención, de cuidado, de lealtad, de presencia. Las excusas eternas de tengo mucho trabajo o estoy pasando un mal momento no sostienen un vínculo por sí solas. Una relación es de dos. Si no estás, no estás. Y está bien… pero entonces yo tampoco.
“Cortar” sé que suena drástico. Pero más drástico es sentarte con alguien y sentirte completamente fuera de lugar. No hace falta confrontar ni montar un discurso emocional. Simplemente: do not go for it. No vamos a sentirnos inspirados ni desafiados por esas personas y no necesitamos fingir que sí. Antes que ser hipócrita prefiero ser distante. Es respeto hacia el otro y hacia mí.
He entendido también que no quiero rodearme de gente que vive esperando el viernes mirando el reloj. Quiero mentes encendidas, curiosas, incluso obsesivas. Personas con ideas raras, con ambición extraña, con ganas de hacer más y ser más. Estoy cansada de las voces que juzgan lo “delusional” que es empezar algo nuevo, no volver a tu país, grabar contenido, cambiar de planes cada mes, tener hobbies absurdos o decidir hoy una cosa y mañana otra.
Porque a veces lo que te limita no es la falta de oportunidades, sino la cantidad de energía que gastas manteniendo vínculos que ya no te hacen crecer.
Hoy elijo dónde estoy, con quién y cómo. Elijo conversaciones que me despierten, lugares que me calmen y personas que me sumen. No porque crea que merezco más - o sí, sinceramente - sino porque he aprendido a reconocer cuándo algo ya no es para mí. Y cuando algo no es para ti, insistir solo retrasa lo inevitable.
Hoy entiendo que si conectamos, conectamos; y si no, no pasa absolutamente nada. No es personal, es energético. Hay personas que te expanden y personas que te encogen. Y yo ya no tengo tiempo para encogerme.
Alejarse no es creerse superior. Es dejar de forzar. Hay relaciones que simplemente te limitan: en creatividad, en energía, en esfuerzo, en sueños. Y cuando lo notas, no puedes desnotarlo. Sigues sonriendo, sí, pero por dentro sabes que ya no perteneces ahí.
No va de rechazar o despreciar a nadie. Simplemente ya no participo en dinámicas que me apagan. Prefiero pocas personas y verdad que muchas y ruido. Prefiero conexión a costumbre. Prefiero silencio a small talk obligado.
Así que sí, quizá sea too cool. Pero no en el sentido arrogante, sino en el sentido de no estar disponible para todo el mundo. Porque cuando empiezas a escucharte de verdad, entiendes que el tiempo y la energía son lo único realmente valioso que tienes.
Y yo ya decidí dónde invertirlos.
Bisous,
Blanca