Haute Couture en puro estilo: Chanel susurra y Valentino dramatiza
Image Ref: Valentino
La semana de la Haute Couture terminó hace unos días en París y, esta vez, no ha sido una edición más. Ha sido un punto de inflexión. El debut de varios genios creativos, el cierre de capítulos históricos y un adiós que pesa: el de Alessandro Michele a Valentino.
Pero antes de entrar en nombres propios, hay que hacerse la pregunta clave - la que muchos evitan: ¿qué es realmente la alta costura y por qué debe seguir existiendo?
En una reciente entrevista para Business of Fashion, Jonathan Anderson explicaba que la couture no es un ejercicio comercial ni una herramienta de marketing inmediata. Es el lugar donde una Maison demuestra su capacidad técnica, su respeto por el oficio y su responsabilidad cultural. La alta costura existe porque protege el craftsmanship, porque mantiene vivos los gestos, los tiempos y los saberes que no pueden sobrevivir en la lógica de la producción acelerada. Y porque casas como Dior necesitan ese espacio de libertad absoluta para recordar quiénes son y por qué importan.
La couture no tiene que gustar a todos. Tiene que existir.
Dicho esto - y para no repetirme, ya que podéis leer mi reseña sobre el debut de Anderson en Dior en la sección de moda -, esta vez quiero centrarme en dos gigantes que han marcado esta semana de forma muy distinta pero igualmente contundente: Chanel y Valentino.
CHANEL
El gran ruido de esta semana no vino solo de las colecciones, sino de los nuevos comienzos. Y en el caso de Chanel, la atención estaba más que justificada.
Matthieu Blazy ha decidido mirar directamente al corazón de la Maison y recuperar a la mujer que Coco Chanel siempre tuvo en mente: una mujer que trabaja, que se mueve, que necesita practicidad sin renunciar jamás a la elegancia. Una mujer libre, pero icónica.
La inspiración parte de un poema sobre un pájaro y un hongo - una referencia delicada, casi onírica - que se traduce tanto en la colección como en la escenografía. Y el resultado, para mí, es un masterclass de identidad.
Todo queda claro desde el opening look. Un tejido sheer, etéreo, aparentemente simple. Y aquí está la clave técnica: trabajar este tipo de material en haute couture es una de las tareas más complejas que existen. Su ligereza no perdona errores. Cada costura queda expuesta. Cada unión debe ser perfecta. No hay estructura que esconda el fallo.
Y, sin embargo, la prenda fluye.
Las capas translúcidas se superponen sin añadir peso visual, creando volumen sin rigidez. Es una couture que no oprime el cuerpo, que lo acompaña. Los pliegues son suaves, casi orgánicos, lejos de la geometría dura: recuerdan al movimiento del aire o al batir de unas alas, reforzando esa idea de mujer en constante desplazamiento.
Muchos críticos lo han calificado de “too simple for haute couture”.
Pero olvidan algo esencial: el DNA de Chanel es la simplicidad. Coco lo dijo claramente: al salir de casa, cuando te mires al espejo, quítate una cosa. Less is more. Blazy ha sabido traer esa filosofía al presente con una ligereza exquisita, donde la profundidad no se construye desde el color, sino desde la textura.
La paleta cromática - blancos rotos, beiges empolvados, tonos naturales - genera profundidad sin estridencia. Y los acabados invisibles hablan de una disciplina extrema: dobladillos etéreos, cierres integrados, bordes que parecen flotar sobre la piel.
No es minimalismo vacío. Es control absoluto del oficio.
Esta colección no grita. Susurra. Y por eso funciona.
Image Ref: Chanel
VALENTINO
Hablar de Alessandro Michele es hablar de un genio. No hay mucho más que añadir.
Su despedida de Valentino es una última demostración de su mente creativa, de su bagaje cultural y de su manera profundamente intelectual de entender la moda.
Y aquí sí, hay que ir paso a paso.
Empezamos por la escenografía, que ya marca el tono: un peephole. En lugar de una pasarela tradicional, los invitados observaban la colección a través de pequeñas ventanas privadas. La inspiración viene del Kaiserpanorama, un dispositivo del siglo XIX que obligaba al espectador a mirar de forma limitada.
El gesto no es decorativo. Michele restringe la visión para intensificar el deseo. La moda vuelve a ser un objeto inaccesible, casi secreto. Algo que no se consume de un vistazo.
A nivel técnico, la colección es una lección de exceso controlado.
Las siluetas parten de estructuras internas sólidas: corsetería oculta, bases arquitectónicas y soportes invisibles que permiten volúmenes exagerados sin perder equilibrio. Nada cae por casualidad. Cada capa está pensada para dialogar con la siguiente.
Los bordados no son ornamentales: son narrativos. Aplicaciones densas, repetitivas, casi obsesivas, que remiten a técnicas históricas reinterpretadas con una sensibilidad contemporánea. Aquí el tiempo es protagonista. Horas de trabajo manual que convierten cada prenda en archivo.
Cada look rendía homenaje a una diva del pasado. El traje blanco y negro de rayas hacía referencia directa a Katharine Hepburn en Break of Hearts (1935). No es nostalgia vacía: es memoria cultural convertida en couture.
Image Ref: Valentino
El uso del color responde a emoción, no a tendencia. Blancos ópticos, negros rotundos, rojos profundos y tonos teatrales crean contrastes que refuerzan la idea de escena. No es moda funcional. Es moda para ser contemplada.
Los accesorios - zapatos, tocados, elementos capilares - no acompañan el look: lo completan. Son extensiones del relato. Incluso la exageración está medida. El volumen nunca cae en el disfraz porque siempre hay intención detrás.
Michele no diseña ropa. Construye narrativas.
Este no es un adiós cualquiera. Es un cierre monumental.
Image Ref: Valentino
Esta semana de haute couture nos ha recordado algo esencial:
la moda no siempre tiene que ser inmediata, ni cómoda, ni comercial.
A veces tiene que ser incómoda, intelectual y profundamente emocional. Y cuando una colección te obliga a mirar despacio, a pensar y a sentir, entonces sabemos que la haute couture sigue viva.
Bisous, Blanca